
Lorenzo García: Tienes prohibido tener coche propio. ¿Me escuchaste?
Hijo: Es absurdo, sabes que lo necesito, ¡además de que podemos pagarlo!
Lorenzo García: ¿Podemos? Si puedes cómpratelo, ¡anda! Pero (alzando la voz) que te quede bien claro que esa no es la idea de ciudadanía que tanto me he esforzado en transmitirles.
Definitivamente el viejo no me entiende... esa idea de ciudadanía a partir de ser usuario de transporte público...
Bajó del autobús sobre Unter den Linden en la parada que está frente a la Universidad Humboldt; había quedado de verla a las dos, comprar de contrabando la comida en la cafetería y salir al jardincito, lleno de jóvenes en esa época del año, a comer bajo la sombra de los árboles.
Atravesó la avenida y entró por la puerta principal de la universidad; leyó sistemáticamente, una vez más y con el mismo escepticismo de siempre, esa frase escrita con letras doradas sobre las escaleras y siguió hasta el jardín.
“Y en algún momento comprendí que el punto ya no era la URSS ; el “comunismo” se había vuelto sinónimo de partido único, planeación centralizada y cultura oficial”. No entiendo, siempre es puntual... “Si eso me resultaba difícil de digerir de joven, con más de sesenta me resulta ridículo”. Qué calor hace... “En algún momento comenzó a resultarme muy claro que seguir siendo comunista y ser de izquierda se había vuelto incompatible”. Ese Pipitone podría ser un genio si... o bueno, por lo menos que se ahorrara algunos comentarios...
Entró de nuevo al edificio, atravesó el salón con aquellas escaleras, regresando hacia la puerta principal. Allí estaba ella, con su cara de inocencia y alegría habitual: “los filósofos se han limitado a interpretar el mundo; ahora se trata de transformarlo”, dijo dulcemente y puntuó con una sonrisa.