sábado, 25 de octubre de 2008

Perfect day


El tren cruzó la frontera y esos rojizos impresionistas y dorados palpitantes salpicaron mi mirada… me imaginaba saliendo de cualquier mapa que hubiera visto hasta entonces… pensé en una cerveza obscura… enseguida una mano tomó la botella… las vías pasando remontaron el brazo y trajeron la imagen de esa italiana que había conocido en la playa… dijo que iría a la manifestación de Praga.


No hablamos en toda la noche; tal vez mi pésimo inglés me detenía… hasta que supe que el español con el que estabas bailando apenas masticaba un gallego garrasposo. Llegamos a mi cuarto sin platicar en el camino. No nos habíamos besado aún y empezaste a desabotonar mi camisa negra. Viste los moretones que me había hecho esa misma tarde; no preguntaste nada a pesar de tu cara de sorpresa y… los besaste uno a uno.


Después de quitarme la camisa, seguiste con el pantalón… quién diría, la semana pasada estaba berreando por una traición y ahooooora… Te ocupaste de todo y terminando, con ese acento eslavo que me sigue haciendo babear, dijiste: thank you.


Pasamos todo el día siguiente en un cuarto de 3 x 3. Cuando llegó la noche, insististe en que fuéramos al centro a tomar un helado en la plaza San Wenceslao… no nos permitieron despedirnos... apenas supe tu nombre... y te sigo extrañando como un imbécil.

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